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SOBRE MÍ

Soy Héctor Juan (València, 1994). Trabajé como becario en la Agencia EFE y he llevado a cabo varios proyectos personales como el lanzamiento de una revista política en papel llamada El Braserillo.

Este medio aborda temáticas sociales de todo tipo desde un punto de vista análitico, cuenta qué sucede entorno a los movimientos migratorios que marcan nuestra actualidad e indaga sobre los aspectos que marcan la política internacional.

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Tres escenarios posibles tras las elecciones europeas del 26 de mayo

Foto del escritor: Héctor JuanHéctor Juan

Actualizado: 5 jun 2019


La Unión Europea se asoma a un vacío existencial en las próximas elecciones del 26 mayo. El Brexit, el auge del nacionalismo, el desempleo, la crisis migratoria, las relaciones comerciales con China y Estados Unidos, la seguridad, la deuda y las fakes news serán algunos de los grandes retos a los que el continente tendrá que enfrentarse.


Es por ello que desde el paralelo analizamos tres posibles escenarios que podrían darse tras esta fecha tan señalada:


Escenario 1: El Partido Popular Europeo, grupo en el poder, adopta el discurso de la creciente extrema derecha.


El presidente del Partido Popular Europeo (PPE), Manfred Weber, se ha mostrado tibio en la defensa de las políticas de asilo. Autor: Héctor Juan.

Tras la crisis económica de 2008, los principales partidos que han dominado la Eurocámara, el Partido Popular Europeo (PPE) y el Partido Socialista Europeo (S&D), no supieron reflotar una situación de declive y decadencia generalizada en todo el continente. Fruto de este empobrecimiento, algunos sectores de la sociedad europea empezaron a cuestionar este modelo y, en consecuencia, el auge de partidos euroescépticos o populistas ha empezado a formar parte de la realidad política y social.


Ante este panorama, una de las posibilidades más factibles es que, tras las elecciones europeas, el PPE vire hacia posiciones más xenófobas, sabedor del gran rédito electoral que pueden dar. Una vez el extremista Fisezd húngaro vuelva a formar parte de la coalición con normalidad, su líder, Viktor Orbán, podrá contar con el foco mediático del grupo europeo más grande del Parlamento y expandirá, por fin, su mensaje reaccionario desde el partido en el poder.



Esta hipótesis se sustenta en que algunos nombres propios del PPE han comenzado a flirtear con la extrema derecha y a tomar por buenos algunos aspectos de la agenda de Orbán para Europa. En Austria, el presidente y miembro de los conservadores, Sebastian Kurz, se ha caracterizado por su amistad con el húngaro y por su mano dura, intransigencia y por hacer caso omiso a las políticas de asilo que se le dictaban desde Bruselas. El pasado diciembre no firmó el Pacto Mundial sobre Migración de las Naciones Unidas y, además, su partido se alió para gobernar en el país con un socio más radical aún, el FPÖ.


Muestra de esta derechización es Alemania, país que aporta la mayor cantidad de europarlamentarios al grupo popular. Con el adiós anunciado para 2021 de la presidenta germana, Angela Merkel, se esfuma una de las pocas valedoras de las políticas aperturistas. Su propia formación, la CDU, comienza adaptarse a los mensajes antiinmigración de su partido hermano, la CSU, y para colmo, su líder nacional y actual presidente del Partido Popular Europeo, Manfred Weber, no se ha atrevido a pedir la expulsión de Orbán de la formación ni tampoco ha sido lo suficientemente tajante respecto a algunas propuestas del primer ministro húngaro.


¿Cuáles serían las posibles consecuencias?


En primer lugar, la Unión Europea aumentaría sus esfuerzos en la creación de más fronteras al este del continente y en dificultar las solicitudes de asilo pendientes. De hecho, el pasado miércoles, el parlamento alemán dio el primer visto bueno a un proyecto de ley por el que agilizará la devolución de refugiados en situación irregular y encarcelará a los que tengan orden de ser expulsados.


En segundo lugar, el PPE se vería influenciado por otros grupos nacionalpopulistas, adoptaría algunos elementos propios del proteccionismo económico y, en consecuencia, enfriará sus ya tensas relaciones con China. El ejemplo estadounidense y los pasos que ha dado Donald Trump respecto al gigante asiático pueden ser buena muestra de ello.


Por último, después de ver que su popularidad aumentaría en gran medida, el PPE continuaría aplicando políticas apoyado por la extrema derecha parlamentaria y esto afectaría directamente a las frágiles relaciones con Rusia. Entre otras cuestiones, el enfrentamiento entre la Unión Europea y Putin podría paralizar la construcción del Nord Stream 2, el gasoducto que pretende conectar a este país con Alemania y que cruzaría todo el continente. Quizá esto provoque una diversificación de las energías y, quién sabe, una involuntaria apuesta firme por las energías renovables.


Escenario 2: Populares, socialistas y liberales se alían contra la ultraderecha.


Pedro Sánchez, Angela Merkel y Emmanuel Macron encarnan a socialistas, democristianos y liberales, respectivamente. Autor: Héctor Juan.

En los últimos tres años, el debate sobre el Estado de Derecho se ha convertido en la trinchera de combate entre países excomunistas y el resto de la Unión Europea. Tras las sanciones a Polonia y Hungría, esta cuestión se ha intensificado y será uno de los temas clave a discutir a la hora de configurar alianzas en el nuevo Parlamento Europeo.


En un posible escenario donde el Partido Socialista Europeo (S&D) caiga en votos por debajo del 20 %, como apuntan algunas encuestas, el clásico y tocado bloque entre populares y socialistas necesitaría de un tercer socio para elegir presidente de la Comisión. De esta forma, los liberales de ALDE, con el presidente francés Emmanuel Macron a la cabeza, serían invitados a formar parte de la coalición estableciendo una agenda mucho más europeísta y alejada del bloque del Este.



Así, la inclusión de ALDE empujaría a socialistas y populares hacía una postura más agresiva respecto a las prácticas inconstitucionales de polacos y húngaros e, incluso, facilitaría un probable escenario en el que también Rumanía sería sancionada por sus reformas contra la independencia judicial. Todo ello provocaría una escalada del conflicto entre las dos partes en el que la Unión podría acabar cortando el grifo a los tan necesarios fondos de cohesión. De hecho, Polonia es el país que más ayudas recibe, pues prevé que a partir de 2021 y hasta 2027 lleguen directos de Bruselas 64.400 millones de euros.


Macron ya se ha posicionado en repetidas ocasiones como uno de los mayores críticos contra estas violaciones del Estado de Derecho y además, la opinión pública francesa siempre ha sido escéptica respecto a ampliar los números de miembros europeos hacia el este. La idea del "fontanero polaco" que quita el empleo a los nacionales sigue siendo un mantra repetido en algunos países occidentales y del norte de Europa.


Asimismo, la reciente propuesta del presidente francés a través de la presentación de un decálogo de medidas por el "renacimiento europeo" está enfocada en crear nuevas instituciones destinadas a desarrollar la defensa, la cohesión social y la moneda común. De esta forma, parece ser que algunas de sus recetas podrían estar destinadas a excluir a Polonia y a Hungría, pues cabe destacar que estos países han registrado repetidos casos de violaciones contra la libertad de expresión.


Además, dentro de este manifiesto se insta a los miembros a fijar conjuntamente un salario mínimo europeo y esto pondría en una incómoda situación a países centroeuropeos con salarios más bajos que Francia, Alemania, España o Italia. El presidente galo estaría utilizando astutamente esta carta de la defensa de los valores europeos como arma política para socavar la competencia económica y laboral de Polonia, Hungría y República Checa. Bajo esta idea, es probable que otros socios de Macron, como España o Alemania, aceptasen como lógicas sus propuestas y apoyasen sus medidas de buena gana.


Escenario 3: Los partidos nacionalistas y ultraconservadores aumentan su influencia tras ganar más escaños de los esperados.


La ultraderecha está presente en prácticamente cada parlamento nacional a lo largo de Europa. Autor: Héctor Juan.

En base a lo que apuntan algunos sondeos, partidos pertenecientes a coaliciones de extrema derecha, como los xenófobos de ENF y los ultraconservadores de EFDD, crecerían en su porcentaje de votos y podrían tomar parte directa de los grandes acuerdos que se votasen en el Parlamento Europeo, además de aumentar su capacidad de difusión.


En un posible escenario donde el partido polaco conservador Ley y Justicia (PiS) ganase 25 europarlamentarios, Viktor Orbán podría sentirse atraído por dicha opción y, finalmente, abandonaría el Partido Popular Europeo buscando socios con los que atacar las actuales políticas de asilo de la Unión a través de su ya conocido "iliberalismo".


Todas estas formaciones antiinmigrantes y fuertemente euroescépticas podrían, de esta forma, presentar por iniciativa propia medidas reaccionarias junto a un PPE al que la suma con los socialistas no le sería suficiente para formar una mayoría. En consecuencia, el proyecto de la "Europa de las Naciones" al que aspiran figuras como el ministro de Interior de Italia, Matteo Salvini, o la francesa Marie Le Pen ganaría posibilidades de hacerse realidad.



Asimismo, la probabilidad de que los tres grupos ultras juntasen fuerzas es algo temido por el resto de grupos europeos en vista del crecimiento que estos partidos están teniendo en el último año. Si ECR, ENF y EFDD sumasen sus asientos, en un contexto optimista para ellos con más de 200 europarlamentarios, podrían sumar un 30 % de los votos y así, pisarían los talones a un herido Partido Popular Europeo.


Sin embargo, esta opción ha ido perdiendo enteros en los últimos meses y resulta muy remota a un mes de las elecciones. Ni ECR es tan radical como ENF, ni tan antieuro como el EFDD. Y además, el carácter antiruso del PiS polaco podría suponer un obstáculo para que otros partidos de similar ideología sumasen esfuerzos junto a ellos.


Cuestiones como la expulsión de inmigrantes, el cierre de mezquitas o las políticas de género podrían ser coincidentes entre las ocho formaciones europeas más importantes; pero otras como la política presupuestaria o el aborto son lo suficientemente diferentes y vitales como para que llegar a un acuerdo que fusionase a los tres grupos en uno solo.

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